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lunes, 8 de marzo de 2010

ECM RECORDS


ECM está en constante evolución, con más de mil discos a sus espaldas, al productor Manfred Eicher le asalta la misma pregunta que a tantos improvisadores de todo el planeta: "¿y ahora que?". Y el viaje prosigue, sesión a sesión, disco a disco, rumbo al horizonte y atraves de la siempre sorprendente y variada ortografía que compone esta suerte de paisaje "audible".

Creo poder afirmar que no existe otro sello como el de Eicher, Edition Of Contemporary Music. Con todo su modus operandi atiende una sencilla premisa: entregarse fielmente a la música y responder con imaginación a todo cuanto esta suscita. Eicher (nacido en Lindau en 1943) no seguía al principio un gran plan; simplemente tenía una vaga idea del sonido que anhelaba en tanto que un músico europeo que había llegado al jazz a traves de la música de camara. También le apasionaban el cine, las artes visuales y la literatura, elementos que encontrarían acomodo en su trabajo en ECM, la compañía que, en 1969, junto con el empresario local Karl Egger.

Para Eicher, su anterior experiencia como contrabajista deviene providencial. Para el público profano, el contrabajista suele ser el personaje más enigmático de un conjunto de jazz, pues a menudo su papel en el seno del grupo se antoja indescifrable. No obstante, una de sus funciones es hacer sonar mejor al grupo: mediando entre la sección rítmica y los solistas, creando un centro tonal, manteniedo la pulsación de la música, completando la armonía... Por lo general, al contrabajista le corresponde suscitar y alimentar las sinergias musicales y ayudar a dar forma a un contexto en el que pueda brotar la improvisación. El trabajo de un productor discográfico también puede comprender, literal o metafóricamente estos cometidos. En el caso de Eicher su deseo por mejorar el sonido del conjunto acabó imponiéndose al anhelo por tocar. Todavía activo como músico en los inicios de ECM, recondujo sus energías para trasladar el epicentro de su investigación al mundo de la producción, interesandose por aspectos de su nuevo cometido apenas estudiados hasta la fecha. Su trabajo como ayudante de de producción para Deutsche Grammophon y otros sellos discográficos a principios de 1969 le había permitido advertir la distancia que, en términos técnicos, separaba las cuidadas producciones de música clásica de las grabaciones de jazz, y se propuso corregir esa "injusticia" con tal grado deperfeccionismo y atención al detalle que Keith Jarrett calificaría, y con razón, su labor de "fanática".

Los primeros discos de ECM abordaban diferentes aspectos de la música improvisada. "Este album recoge mi encuentro con el free jazz", declaraba sin reparos el pianista Marc Waldron en la carpeta del primer trabajo del sello. Años antes en una entrevista, el trompetista Don Ayler había apuntado ciertas sugrencias que podían ayudar a entender mejor la nueva música improvisada: "acerca tu imaginación al sonido. Sigue los sonidos, su altura, los colores, trata de verlo en movimiento". Buenos consejos si, pero ¿que productores de jazz anteriores al nacimiento de ECM se habían interesado en el espacio en que viaja el sonido?.

En sus colaboraciones con ingenieros como Martin Wieland en Ludwigsburg y Jan Eric Kongshaug en Oslo, Eicher conseguiría unas mezclas de una transparencia insólita, en las que la naturaleza de la interacción musical se nos revela bajo una nueva y luminosa apariencia, cada matiz y cada timbre trazados con una exquisita belleza. Fué así como Eicher comenzo a restructurar el propio espacio sonoro. Es imposible que los instrumentos canten en la atmósfera natural de un estudio de grabación acústicamente neutral si no ponemos algo de nuestra parte. La pregunta siempre es la misma: ¿que nos pide la música? Al tratar de dar con la respuesta, Eicher introdujo nuevos estándares en el arte de esculpir el sonido.

Sin ser la persona más versada del mundo en cuestiones técnicas -"soy incapaz de conectar un enchufe en el lugar adecuado", confesó en una entrevista -, Eicher sabe transmitir a los ingenieros lo que quiere. En ocasiones interviene también en las mezclas, y juega con los fundidos de la mesa del estudio como si de un teclado se tratara, sus dedos se extienden para ajustar los potenciometros casi imperceptiblemente. Tiene una concepción poética de las posibilidades de los aparatos de reverberación Lexicon, sabe que puede esperar de los diferentes micrófonos -sus favoritos son los Neuman y los Schoeps- y poseé un sexto sentido para ubicarlos de un modo muy intuitivo. ¿Esta en todo ello la esencia del sonido ECM?

Apenas pues no se puede entender el sonido sin la música, ni se trata tampoco de una salsa que el chef pueda añadir con virtuosismo una vez cocinado el plato, como dijo Eicher en una entrevista en 1999: "Para nosotros, decantarnos por una partitura u otra, o por un músico o un grupo de músicos a la hora de realizar la grabación estará determinado por la dirección del sonido. Y las diferencias son enormes. Hemos grabado en multitud de lugares, desde monasterios hasta auditorios, clubes de jazz o estudios modernos, con muchos ingenieros o con tecnología muy distinta: analógica, digital, dos pistas, multipistas ... En cada grabación intervienen muchos factores. Lo único que de verdad se puede decir hoy del "sonido ECM" es que el sonido que se escucha es el sonido que nos gusta".

A pesar de la intensidad y el rigor en cada sesión de grabación, los valores sobre los que se erigen nuestras obras son la entrega y la amistad. Los tratos con los músicos se cierran con un apreton de manos. No existen largos contratos de de exclusividad entre los músicos y la compañía, si no acuerdos puntuales para cada disco.

ECM New Series es un subsello creado en 1984 para dar voz a la Tabula Rasa de Arvo Pärt, comparte esa misma abertura de miras, puede que ningún otro sello del mundo haya dado a conocer al mundo la obra de muchos compositores "postsoviéticos", especialmente a Pärt, Kancheli, Schnittke, Tormis, Silvestrov, Mansurian y Tüür. Pero también ha habido espacio para maestros del "modernismo duro" como Carter, Cage, Stockhausen, Berio, Lachenmann o Holliger, o para la música de viejos maestros interpretada por solistas de excepción: András SChif y su ciclo de sonatas para piano de Beethoven o Gidon Kremer y su relectura de las sonatas y partituras para violin de Bach.

Así mismo la New Serieses el paraguas donde confluyen proyectos relacionados con el cine, el teatro y la literatura.

Con todo, el arte de la producción discográfica está actualmente en peligro de extinción, mientras las iniciativas empresariales de tipos interesados unicamente en la música pop se centran en la producción de zurzidos enlatables, en singles para vender por internet. Queda por ver como capeará ECM este temporal, aunque tambien es cierto que ya ha sobrevivido a no pocas fluctuaciones, modas y "crisis" del mercado.

ECM Tocando el horizonte de Steve Lake y Paul Griffiths. Ed. Globalrhythm.

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